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« La georgiana Tamar Beraia se presentó con el “Quinto” beethoveniano bajo el brazo: emotividad, nobleza, momentos de intimismo de cortar la respiración, grandeza en los pasajes épicos[…] ».

J. L. Pérez de Artega, La Razón, 8 de agosto de 2012

En la XVIIa edición del Concurso Internacional de Piano de Santander “Paloma O’Shea” (2012), Tamar Beraia, ganadora del Tercer Premio ex-aequo y Medalla de Bronce y el Premio del Público Sony, demostró que a la audiencia se le conquista con música. Vibrante, elegante, directa y carismática se presentó la pianista georgiana, revelando un pianismo lleno de fuerza y madurez, donde musicalidad y virtuosismo encuentran concilio. Ya en 2010, fue esta joven pianista la ganadora del primer Concurso Internacional de Piano “Neue Sterne” (Nuevas Estrellas) celebrado en Wernigerode (Alemania).

Nacida en 1987 en Tbilisi (Georgia) en el seno de una familia de músicos, a los cinco años recibió sus primeras clases de piano de la mano de su madre. Su extraordinario talento pronto fue reconocido y así lo avalan los Primeros Premios obtenidos en el Concurso Internacional de Piano “Balys Dvarionas” (Lituania, 1997) y en el Concurso Internacional de Piano “Heinrich Neuhaus” (Rusia, 2000).

Tamar se ha formado fundamentalmente en Georgia, estudiando en el Escuela de Música para Jóvenes Talentos Z.Paliaschwili con Dodo Tsintsadze y en el Conservatorio Estatal de Tbilisi con Nana Khubutia, terminando sus estudios de Master con Yvan Klansky en la Musikhochschule de Lucerna. A lo largo de estos años ha sido apoyada mediante diversas becas, como las que otorgan la Fundación M. Tariverdiev y la gran pianista Elisabeth Leonskaja. Master con Yvan Klansky en la Musikhochschule de Lucerna (Suiza)

Podríamos pensar que Tamar Beraia, como otros grandes pianistas georgianos, procede de esa tan aclamada escuela, aquella que conocemos como “escuela pianística georgiana”. Pero, ¿de verdad existe una escuela propia en Georgia? o ¿es el carácter de un pueblo el que da color y carisma a la interpretación? No podemos obviar la influencia que Rusia tuvo en la vida cultural georgiana y, con respecto a música, sembró en la capital georgiana las bases musicales que más tarde harían posible crear una propia y brillante cantera de músicos georgianos. Pero si algo podemos destacar de la tan afamada “escuela” es que la búsqueda de la individualidad artística y un acercamiento a la esencia, es decir, al sonido, hacen de esta nación una tierra fértil y fecunda.

Y hablando del sonido, encontramos en Tamar esta conjunción que se produce cuando uno crece bajo el influjo de un folclore rico en polifonía y arraigado a la canción, como es el georgiano. Siendo una de las más antiguas y únicas del mundo, la voz de Georgia es poderosa, sagrada y la podemos oír fácilmente en el pianismo de Tamar, en su gran dominio del canto, de la melodía, del fraseo y de la forma. Quizás sea esa la razón por la que su interpretación de la música española se siente tan cerca y franca. En cuanto a sus interpretaciones del repertorio, encontramos en Tamar un Haydn elocuente, un Beethoven noble, enérgico y sincero y un Liszt, simplemente, fascinante.

Un largo camino le une a su hermana, Natia Beraia, con la que forma dúo desde su infancia y con la que interpreta el repertorio a cuatro manos y dos pianos. Actualmente, Tamar Beraia reside en Kiev (Ukraine).

© Carmen Delia Romero